¿Un elegante granero? ¿Una antigua casa de campo? ¿Una pequeña granja?
El arquitecto francés Jean-Baptiste Barache ha construido en Auvilliers (Sena Marítimo, Normandía) este refugio ecológico familiar con un presupuesto de tan sólo 70.000 €. La vivienda ha ocupado una superficie de 120 metros cuadrados en una parcela de 2220 metros cuadrados.
En este refugio ecológico el arquitecto ha querido recobrar una arquitectura y una forma de vida de tiempos pasados en los cuales la vivienda se limitaba a cubrir las funciones básicas y las normas arquitectónicas eran obligatoriamente más sabias de lo que lo son en la mayoría de las construcciones actuales.
Para ello Barache ha seguido la estética local normanda de la casa rural tradicional: un volumen de madera con cubierta a dos aguas. La estructura interior queda a la vista.
Como en las antiguas casa de campo el acceso se realiza mediante la cocina que es el centro de la vivienda y a su vez sirve como comedor.

Además la vivienda carece de suministro de luz artificial, lo cual ha supuesto un cuidadoso estudio del aprovechamiento de la energía solar directa. La iluminación nocturna se realiza a base de quinqués de aceite y la calefacción se consigue con una chimenea de ladrillo cerámico.
La vivienda se ha organizado en tres alturas. Su interior sigue un estilo tipo loft.
En la planta baja encontramos las dependencias diurnas y zonas de servicio: cocina, comedor, zona de estar, terraza, almacenaje, baño y escalera.
El extremo norte de esta planta lo ocupa el núcleo principal del refugio formado por el hogar, a partir del cual se zonifican la cocina y el comedor, integrados en una misma estancia. Alrededor de la mesa de comedor, la única existente en este austero a la vez que acogedor refugio, se reúnen familiares e invitados, niños y adultos para cocinar, comer, conversar, dibujar, jugar o realizar las tareas escolares de forma informal y relajada. Al igual que Schindler proponía en su vivienda de North Kings Road: “que tenga carácter de evento social”.
En el extremo opuesto de la planta baja y separada de la cocina por la zona central (que acoge el baño y la escalera), se sitúa la zona de estar, que da a una amplia terraza. Los laterales de la nave se han aprovechado como espacios de almacenaje. En ausencia de tabiques (tan sólo se ha dotado de independencia al baño) el espacio es flexible y la luz entrante por la gran cristalera de la fachada sur llega a todos los rincones.



A la manera de las casas antiguas un austero dormitorio común ocupa la segunda planta. Consiste en una gran caja de madera en la que se distribuyen simples cubículos que se independizan de la zona de paso únicamente mediante cortinas de lona. Dichos cajones se mantienen en voladizo dentro del volumen general de la cabaña.
El cajón principal se cierra en su parte anterior con un panel de policarbonato que permite la entrada de luz a esta segunda planta. Durante el día esta planta puede transformarse en zona de estar o sala de juegos abriendo las cortinas de los cubículos y transformando las camas en asientos.

La tercera planta se ocupa por un único dormitorio.

La forma y orientación de la vivienda son medidas básicas para conseguir una construcción bioclimática. Así, en este refugio ecológico, Barache ha diseñado una construcción compacta con orientación sur estudiando cuidadosamente la abertura de huecos en fachada.
La fachada sur completamente abierta al paisaje y a la luz del sol permite una gran entrada de iluminación que, gracias a la planta libre, llega a todos los espacios de la casa.

Por otro lado, las necesidades de calefacción y refrigeración se han resuelto de la manera más sencilla posible; los huecos realizados consiguen una magnífica adecuación bioclimática. En primer lugar la fachada sur permite una gran entrada de energía solar en invierno que, gracias al efecto invernadero producido por el vidrio de la misma fachada, crea un ambiente caldeado. Los huecos reducidos en las fachadas este y oeste y apenas existentes en la fachada norte añaden puntos secundarios de iluminación y evitan la pérdida de calor por su reducido tamaño. En verano, con una menor incidencia de los rayos de sol en el interior de la vivienda la refrigeración se consigue mediante corrientes de aire producidas al abrir las ventanas de fachadas opuestas.
En las frías noches invernales de la campiña normanda, una clásica chimenea de ladrillo cerámico mantiene en el interior de la cabaña una agradable temperatura.
En cuanto a la ecología de los materiales la vivienda ha sido construida prácticamente en su totalidad en madera, material ecológico por excelencia debido a su muy fácil regeneración y respeto por el medioambiente (al ser reutilizable y autodegradable).

La variedad de materiales es muy reducida, lo cual ayuda a mantener el carácter austero y rústico de la vivienda. Se limita básicamente a madera de varios tipos, textil y vidrio.
La estructura es de madera laminada de pino.
En el interior se ha empleado tablero de pino, en color natural para los paramentos verticales y laminado en blanco para el suelo.
Exteriormente la cabaña se reviste de tejas de madera de cedro rojo canadiense, con un tosco acabado que favorece su integración en el entorno natural. La entrada a la cocina se camufla revistiendo la puerta con el propio material. Este material que recubre íntegramente al refugio consigue que la casa cambie de matiz (gris, naranja, plateado…) dependiendo de los fenómenos atmosféricos.
La carpintería exterior es de madera de abeto y la terraza es de madera de alerce.
Los escasos textiles son los que dan un toque de color a la vivienda.
La gran cristalera de la fachada sur permite una total conexión del interior con la naturaleza circundante, un verdadero placer para los sentidos.
El limitado presupuesto, lejos de ser un obstáculo, ha sido “el verdadero motor de reflexión porque obliga a ser muy preciso”.
Se ha diseñado el refugio ecológico cuestionando las bases de la arquitectura y revisando las costumbres de otras culturas (en la entrada se dedica una zona a descalzarse, al igual que en las viviendas japonesas, de forma que el suelo se mantiene limpio y sirve también como asiento).
“La casa no dispone de suministro eléctrico. Esta elección pone en evidencia los sistemas de iluminación natural: alba, crepúsculo, luna, estrellas… e implica la utilización de bujías, lámparas de aceite, quinqués, etc.
Las personas y objetos se revelan entonces con su sombra moviente, de una manera totalmente diferente, con una belleza olvidada.”
Jean-Baptiste Barache ha conseguido crear un romántico y encantador refugio ecológico para descansar de las ruidosas y contaminadas ciudades y sobretodo para poder disfrutar de la naturaleza. Me encantaría poder pasar un par de días allí tomando el sol en la terraza, leyendo, dando paseos por el campo, charlando en buena compañía a la luz de las velas… pero, si quiero pasar más de dos días seguidos allí ¿dónde puedo conectar mi portátil?